VIVIR ENDEUDADOS

Mientras los hogares se endeudan para sobrevivir y la morosidad trepa sin pausa, Luis Majul receta austeridad individual. Desde la antropología crítica, un repaso de cómo se usa la moral de la deuda para encubrir el despojo sistémico.

En la Argentina de hoy, los habitantes se endeudan para comprar comida, un dato que expone la lucha por sobrevivir de las familias en la economía de Javier Milei. Los hogares enfrentan niveles cada vez mayores de morosidad porque la crisis económica arroja a la población a un fuerte endeudamiento a través de préstamos personales y tarjetas de crédito. Este fenómeno es la consecuencia directa de dos motores principales: la sostenida pérdida del poder adquisitivo como consecuencia del ajuste implementado por Javier Milei y unas tasas de interés que se mantienen extremadamente altas.

Ante esta situación, el periodista Luis Majul, que se comporta como un vocero oficial, se refirió a la dramática situación con frases como: «No usemos la tarjeta para endeudarnos, lo dijo más de una vez Mariana Shalo y todos los expertos en finanzas» y «No te endeudes si tu patrimonio o tus recursos no te dan para pagar esa deuda», agregando: «Si querés darte un gustito y no podés, evitalo. Es la mejor manera de no endeudarse».

Para David Graeber (antropólogo libertario), la deuda no es simplemente un problema matemático de «gastarse lo que no se tiene» o de falta de disciplina individual, sino el mecanismo político y moral fundamental mediante el cual se gobierna y se somete a las poblaciones. Bajo su análisis antropológico, este tipo de discursos se desarma así:

La moralización de la deuda (El chantaje moral): Graeber explica que el poder siempre ha utilizado la deuda para convertir relaciones de poder y violencia en relaciones de culpa moral. Decirle a alguien que se ahoga en una crisis «evitá el gustito» traslada la responsabilidad estructural de la economía a una falta de moral individual. Para Graeber, esto es una trampa ideológica clásica: se culpa a la víctima de la precariedad, haciendo pasar un problema de despojo sistémico o salarios destruidos por un defecto de moderación personal.

El mito de la «promesa libre» y el contrato: David Graeber demuestra históricamente que los sistemas de crédito masivo no nacen del libre mercado pacífico, sino de la violencia estatal, los impuestos forzosos y la creación de monedas fiduciarias. Pretender que endeudarse o no es una elección puramente «voluntaria» en un contexto de contracción económica forzada ignora que el sistema financiero moderno empuja sistemáticamente a la gente al endeudamiento solo para cubrir necesidades básicas (comida, servicios, alquiler), no por capricho de «darse gustitos».

La asimetría de la deuda (Opresores vs. Oprimidos): Una de las tesis más potentes de Graeber es la doble moral de la deuda: cuando se endeuda un trabajador o un país periférico, se le cae encima todo el peso de la ley, la moral y el ajuste argumentando que «las deudas hay que pagarlas sí o sí». En cambio, cuando se endeudan los países centrales o los grandes poderes financieros, las reglas cambian, se renegocia o se rescata a los bancos. Exigir austeridad al eslabón más débil mientras se defiende un modelo económico que asfixia los ingresos cotidianos es, desde esta óptica, el uso de la moral financiera como herramienta de dominación.