En la Argentina de hoy, los salarios de hambre fuerzan al pluriempleo extremo y la descomposición social alcanza su punto más oscuro: un docente, asaltado y ejecutado por un policía, mientras trabajaba como chofer de una aplicación para pagar el alquiler.

Lo que ocurrió en La Matanza no es un guion de película, es la crónica de una descomposición social que ya no encuentra fondo. Cristian Pereyra era docente, un hombre que dedicaba sus horas a enseñar, pero cuyo salario no alcanzaba para sostener lo básico. Como tantos otros trabajadores en la Argentina de hoy, al terminar su jornada escolar se subía a su auto para trabajar como chofer de DiDi.
La paradoja se vuelve siniestra en la respuesta ante la crisis: mientras el docente se gana unos pesos haciendo una changa “honrada” para pagar el alquiler, el policía —que según trascendió estaba endeudado— recurre al robo y la ejecución. Por el asesinato de Cristian Pereyra está detenido un oficial de la Policía Bonaerense, Matías Alejandro Vizgarra Riveros, quien prestaba servicio en la UTOI. El brazo armado del Estado terminó siendo quien gatilló.
La institución policial es una organización jerárquica diseñada para proteger la propiedad privada, mantener el orden capitalista y someter a las clases oprimidas. En resumen, la policía es la que asegura la injusticia social mediante la fuerza bruta. No se trata de algunas “manzanas podridas”: es una estructura corrupta que suele reclutar a menores para delinquir, que ampara redes de trata y que muchas veces coopera con el narcotráfico.
En este escenario vemos el rol del uniformado de forma pornográfica: él que porta el arma reglamentaria la usa para asaltar a quien intenta sobrevivir. No es una metáfora sobre la crisis; es el cuerpo de un profesor tendido en una autopista y un uniformado tras las rejas, confirmando que los policías son contrarios a las clases populares. Además, son una organización donde se cobija a personas que se sienten con la impunidad de matar.
A la ejecución de Cristian le siguió el manual del encubrimiento: una autopsia realizada en tiempo récord por la misma fuerza que lo asesinó y un fiscal que se niega a recibir a las hermanas de la víctima. Pero el oficial no actuó solo, todavía no se sabe quiénes fueron los cómplices.
Las balas en la madrugada en el conurbano no son un accidente; son el resultado de un sistema que le da impunidad a quienes nos controlan mientras empuja al abismo a quienes trabajan.