ROJAVA

La revolución del siglo XXI

por Darion

Introducción
Para el Imperio Romano o, mejor dicho, para el Estado Romano el mundo terminaba en las murallas de Adriano. Detrás de esos muros no había nada, más bien existía el caos y habitaban los barbaros. Roma era corrupta, cruel, genocida pero se consideraba a sí misma como el faro del mundo. Los Estados capitalistas de nuestro tiempo tienen esa misma visión sesgada, ignoran toda sociedad que no entra en la lógica del capital. Luego de la caída del muro de Berlín, que significó el fracaso de los socialismos reales, anunciaron la muerte de la utopía.


El Imperio Romano de Oriente es derrotado por el Imperio Otomano, la caída de Constantinopla marca el fin de la Edad Media. La Historia demuestra que todo Imperio termina derrumbándose. Tras la rendición del sultán Mehmet VI en la Primera Guerra Mundial, las potencias occidentales (Francia e Inglaterra) se repartieron las colonias de los otomanos según sus intereses. Así nacieron, como protectorados, Siria, Jordania, Palestina, Líbano e Irak. En cambio, el Reino de Arabia Saudita tuvo la habilidad de independizarse de los otomanos y no ser una colonia europea más de la región. Pero a la nación kurda no le cedieron Estado propio, quedó dividida en cuatro países1: El norte del Kurdistán (Bakur) pertenecería a Turquía, el Sur (Bashur) a Irak, el Este (Rojhilat) a Irán y el Oeste (Rojava) quedaría dentro de las fronteras de Siria. Los gobiernos de estos cuatro Estados, en mayor o menor medida, hasta el día de hoy intentan suprimir la identidad kurda a punta de bayoneta.

La revolución en Siria
En la población siria conviven una mayoría de musulmanes sunnitas junto a los alawitas y chiitas que son las minorías que por medio siglo han mantenido el poder. Otras son los cristianos, los drusos y los kurdos. La familia Ássad perpetuó la grieta entre sunnitas y chiitas. A excepción de una pequeña burguesía sunnita este grupo mayoritario musulmán está desprotegido económicamente.


La prensa occidental denominó “primavera árabe” a las protestas multitudinarias (2010-2012) de Medio Oriente y el Norte de África. Y las difundió como un anhelo popular por instaurar democracias representativas al estilo europeo o estadunidense. Paradójicamente, fueron derrocados dictadores pro-occidentales: Zine El Abidine Ben Ali de Túnez y Hosni Mubarak de Egipto. Durante “la primavera árabe” cayeron gobiernos, pero los poderes fácticos volvieron a ejercer el control político y económico.


En la República Árabe Siria se imprime una crónica diferente. A principios de 2011 las manifestaciones populares produjeron demandas reformistas pero las cruentas represiones del dictador Bashar al-Ássad hicieron que los manifestantes reclamaran la caída del régimen. Ante la magnitud de la rebelión popular las fuerzas de Ássad, desbordadas, fueron retirándose de barrios enteros, incluso de ciudades y grandes áreas. Entonces comenzó la autogestión de la vida cotidiana ante la ausencia total del Estado en varios de esos sectores. El suministro eléctrico, el agua, la distribución de los productos alimenticios, entre otras cosas eran resultado de la autorganización, sin sindicatos ni partidos políticos. La voz del anarquista Omar Asiz comenzó a sonar fuerte. Pero la brutal represión continuaba y el naciente movimiento revolucionario no estaba preparado para la autodefensa.


Las monarquías del golfo y Turquía aprovecharon la crisis para suministrarles armas a grupos que respondieran a sus intereses. Una parte del ejército regular sirio desertó porque eran obligados a disparar sobre la población civil desarmada o porque consideraban inevitable la caída de Ássad. Los desertores formaron el Ejército Sirio Libre (ESL) cuya representación política es La Coalición Nacional para las Fuerzas de la Oposición y la Revolución Siria. Muchas brigadas del ESL lograron el apoyo de Estados Unidos, obteniendo una paupérrima provisión de armas. Rusia, Hezbollah e Irán respaldaron a la dictadura de Ássad.


Sería difícil interpretar las especulaciones y la decisión del dictador de liberar de las cárceles a cientos de fundamentalistas islámicos. Lo cierto es que estos yihadistas, la extrema derecha religiosa, terminaron siendo líderes del Estado Islámico (ISIS). Ellos inmediatamente, impusieron la sharia (ley islámica) en sus áreas de influencia.


En resumen, al comienzo las protestas eran simplemente un pedido de reformas básicas que se fueron transformando en una revolución social de tintes libertarios. Esta revolución fue brutalmente reprimida, dando paso a una guerra civil protagonizada por grupos armados influenciados por países extranjeros. Salvo en Rojava, Norte de Siria, donde los kurdos experimentarán su propio camino de emancipación. Mientras tanto, en 2013 moría Omar Asiz en las prisiones de Ássad.

Los cantones de Rojava
La nación kurda fue históricamente negada por el Estado Sirio por ese motivo ya contaban con milicias. Además, se habían levantado en armas varias veces en Irán, Irak, y Turquía, buscando su independencia desde la disolución del Imperio Otomano.


Cuando las fuerzas de Ássad se retiraron, del Kurdistán Sirio, los kurdos agrupados en el Partido de Unión Democrática (PYD) tomaron el control. Hubo contactos y apoyo con otros grupos revolucionarios de Siria aunque por cuestiones étnicas esos lazos solidarios nunca se solidificaron.


El PYD es un partido político y como tal una estructura jerárquica, centralizada. Sin embargo, realizaron una experiencia social asombrosa inspirados en Seis tesis de Municipalismo Libertario, la obra del anarquista estadunidense Murray Bookchin.


La autodeterminación del pueblo no está en la imposición de un Estado-Nación Kurdo, por lo que en Rojava se implementó el Confederalismo Democrático, es decir un modelo de auto-administración popular basado en la autogestión de las comunidades locales organizadas en asambleas abiertas. Con una postura antiestatista y anticapitalista se dirigen a una economía basada en el equilibrio ecológico.


El pilar del Estado es el poder y se sostiene con la coerción, en contraposición el Confederalismo Democrático se sustenta en el consenso colectivo. En el PYD consideran que la sociedad no se puede emancipar del capitalismo si no se libra del Estado y con esa misma lógica aseguran que no se pueden librar del Estado si existe el Patriarcado. Entienden que la mujer es la más oprimida, por este motivo en ella radica la clave de la transformación social.


El PYD tiene dos milicias: las Unidades de Protección Popular (YPG) y las Unidades de Protección Femeninas (YPJ). Esta última causa terror en las filas del ISIS debido a que los yihadistas creen que si los mata una mujer no podrán entrar al paraíso. Muchos huyen cuando ven a las milicianas.


La victoria en Kobane sobre el ISIS despertó admiración en el mundo entero. La revolución de Rojava sobrevive, aunque la guerra los empujó a tener aliados cuestionables. Pero los pactos con el Diablo cuestan caro, a veces el alma. La mencionada victoria pudo ser posible con la ayuda de la aviación de Estados Unidos aunque en otras oportunidades los estadunidenses contemplaron pasivamente como entraban al Kurdistán Sirio tropas turcas para terminar con la revolución. La República de Turquía se fue convirtiendo en unos de los peores enemigos de Rojava, ante el fantasma de una región autónoma kurda puertas adentro.

Críticas a Murray Bookchin
El ecologista social Murray Bookchin (1921-2006) fue muy criticado dentro del anarquismo. Porque su intención era que el movimiento libertario participara de las elecciones municipales. Su propósito era minar el Estado no ser parte de él. Siempre declaró que no se debía conformar un partido político. No había que participar en las elecciones provinciales ni nacionales, únicamente en las del gobierno local (Municipio) y, de esta manera, generar una oposición al Estado desde una gestión municipal popular. Una táctica para que el Estado pierda influencia y comience a debilitarse. Bookchin lo plantea como una dualidad de poderes en pugna, hasta que el Estado definitivamente desaparezca. Con este punto de vista Murray se aleja del ideario anarquista y se acerca a los socialdemócratas o al menos a los socialdemócratas del siglo XIX.


El pensador-activista libertario Mijail Bakunin (1814-1876) ya advertía que un autogobierno municipal no sería contrapeso suficiente frente al poder central del Estado. Toda revolución política que preceda a una revolución social estaría desde el vamos destinada a no generar una transformación social. A la toma del poder, o, mejor dicho, a la sustitución de un poder estatal por otro, se la denomina revolución política. Suena contradictorio utilizar, con fines insurreccionales, a las instituciones políticas. Estas fueron diseñadas para detener cambios, en las relaciones de poder, si nuevas circunstancias económicas y sociales modifican la sociedad. Las instituciones políticas garantizan los privilegios de las élites. Además, no existen garantías de que el “revolucionario” electo cumpla con su cometido. Podría producirse lo que Bakunin denominaba “cambio de posición y perspectiva”. Los hombres más rebeldes se vuelven conservadores cuando ocupan un cargo público. El poder les da una nueva posición en la sociedad y es inevitable que respondan a su nueva clase: la burocracia política.


Lo que prima en el anarquismo es una revolución social, es decir una revolución integral, que trasforme todos los aspectos de la vida, no alcanza con cambiar el parlamento, el poder ejecutivo o los concejales de un municipio ni reformar las instituciones estatales. Hay que abolir el Estado, autogestionar los medios de producción y los servicios, deshacerse del Patriarcado, terminar con las modalidades de segregación, las desigualdades económicas y crear nuevas formas de interpretar al mundo. El pensamiento libertario entiende que la finalidad y los medios para alcanzarla son las dos caras de una misma moneda.

  1. Hay que agregar que existe un enclave kurdo en Armenia.

Bibliografía

Albani, Leandro (2018). Revolución en el Kurdistán. La otra guerra contra el Estado Islámico. Buenos Aires, Argentina: Sudestada.

Iniciativa Anarquista desde la prisión de Koridalos – Grecia (2018). Revolución Siria. Buenos Aires, Argentina: Editorial Socialista Rudolph Klement.

Bookchin; Liguri; Stowasser (2007). La utopía es posible. Experiencias contemporáneas. Buenos Aires, Argentina: Tupac Ediciones.

Bakunin, Mijail (1995). Escritos de Filosofía Política. Tomos I y II. Barcelona, España: Altaya.

Fernandez, Benjamin (Julio 2016). Los orígenes del comunalismo kurdo. Le Monde Diplomatique, (205), p. 36.