LA FALSA OBJETIVIDAD DE LOS MEDIOS

por Darion

La honestidad es la mayor carencia de los mass media, sobre todo cuando se autodenominan objetivos. Estos tratan de ocultar su intencionalidad política porque son conscientes de la indignación que causa en la población cualquier propósito de direccionamiento ideológico. Atentos a este punto, tienen el ingenio suficiente para fingir imparcialidad. La intención es proveerles a las audiencias (o lectores), mediante métodos discursivos, determinados recortes de la realidad para que alcancen una deducción predeterminada, aunque, con la sensación de que esa conclusión es producto de los razonamientos propios de los receptores.

Se autoconsideran neutrales, sin embargo, en sus espacios se prioriza a los ricos y a los famosos. Mientras que ignoran a las comunidades de pueblos originarios donde no se impusieron valores y prácticas capitalistas. La función de los medios de comunicación masiva es consolidar un sistema económico del cual obtienen renta. Los mass media no son independientes porque pertenecen a megacorporaciones o dependen económicamente de auspiciantes y/o de la pauta oficial.

Indudablemente, la información es un instrumento de poder que tienen los medios de comunicación masiva. Estos pronuncian un discurso público que, entre otras cosas, selecciona la temática, la agenda. El discurso, en la actualidad, es multimodal, es decir, no se expresa únicamente con palabras porque intervienen también otros modos humanos en el proceso comunicativo que aportan información que no está descrita verbalmente, por ejemplo: los gestos, las imágenes, los movimientos, etc.

La información como poder produce control; en otras palabras, el discurso de los medios influye en la conducta de las audiencias y/o lectores. Según el lingüista Teun van Dijk, entender un texto es construir un modelo mental del evento del que trata este. Por lo tanto, mediante la repetición de un discurso específico se puede lograr tener control de los modelos mentales de los receptores.

Los medios de comunicación masiva tienen el poder de pronunciar un discurso público −del cual controlan sus tópicos, sus estructuras sintácticas, sus metáforas y estructuras semánticas− que puede generar prejuicios que se refugian en la memoria colectiva. A través del discurso construyen estereotipos negativos respecto de los socialmente excluidos.

  El periodismo hegemónico empezó a relacionar maliciosamente los reclamos de los movimientos de trabajadores desocupados (MTD) con el delito. Los piqueteros tenían y tienen el hábito de cubrirse el rostro para no ser identificados por temor a represalias. No es un delito en sí, aunque sirvió de excusa para su estigmatización. Una estrategia de los mass media para quitarles el prestigio obtenido por su fuerte oposición al neoliberalismo.

El mencionado prestigio tiene sus raíces en junio de 1996, cuando los pobladores de Cutral Co y Plaza Huincul, prov. de Neuquén, interrumpen el tránsito de la Ruta Nacional Nº 22 como forma de protesta ante la desocupación que asolaba a esas poblaciones debido a las políticas neoliberales del peronista Carlos Menem. Tras siete días de piquetes y tensión con Gendarmería se logró firmar un acuerdo con las autoridades provinciales. Esta forma de lucha social se fue expandiendo por todo el territorio. Los movimientos de trabajadores desocupados se convirtieron por casi una década en el principal actor de los reclamos sociales.

Los medios presentaban a los integrantes de los MTD como agitadores, por ser responsables del bloqueo de calles en la urbe, sin mencionar su reclamo: un trabajo o un subsidio para cubrir sus necesidades básicas. También se los acusaba de violentos, a pesar de que la protesta violenta siempre se desarrolló como efecto del accionar represivo de la policía. Estas arbitrariedades, generadas por los periodistas, siempre tuvieron como objetivo vaciar de contenido social a las protestas.

Los discursos que parten de las clases dominantes necesitan ser reproducidos al resto de la sociedad. Por consiguiente, los mass media son capaces de tergiversar la información, descalificar los reclamos sociales, potenciar la discriminación y construir estereotipos para promover doctrinas que favorezcan a las élites.